La madre notó algo extraño en la boca de su hijo de nueve meses y lo llevó de inmediato al médico: lo que los doctores descubrieron en la boca del pequeño aterrorizó a todos.

Ahora, la angustiada madre pide a todos que sean lo más cuidadosos posible, porque la salud de su hijo también depende de ello.

La madre notó por pura casualidad un extraño bulto azul en la boca de su hijo de nueve meses, Max. Lo estaba cambiando antes de dormir cuando el bebé comenzó a inquietarse, a llevarse la mano a la boca y a quejarse suavemente.

En un momento, abrió la boca de par en par… y ella lo vio.
Una formación azul oscura en la encía, como algo ajeno, que no parecía ni una herida ni una mordedura. El bulto no desaparecía, no cambiaba de color y se veía inquietantemente inmóvil.

Una oleada de ansiedad le recorrió el pecho al instante. Para alguien de fuera podría parecer un problema menor, pero el instinto de madre dio la alarma. El niño era demasiado pequeño y el hallazgo demasiado extraño. Supo que no podía esperar y, apenas unas horas después, ya estaban en la consulta médica.

A partir de ahí, todo se complicó. El color azul alarmó a los especialistas; comenzaron a escucharse palabras como “anomalía” y “neoplasia”. Max fue examinado por un médico tras otro, pasando de unas manos a otras; se discutían posibles causas, pero nadie podía dar una respuesta definitiva. Con cada minuto que pasaba, la tensión no hacía más que aumentar.

Cuando ya se estaban preparando para realizar exámenes más serios, uno de los médicos de repente sugirió algo distinto: ¿y si no era un tumor en absoluto, sino un objeto atascado? A esa edad, los niños se llevan todo a la boca. La idea era sencilla, pero trajo esperanza.

El médico tomó con cuidado un instrumento y comenzó la exploración. Y de pronto… el bulto se soltó.
No era sangre, ni tejido, ni un diagnóstico temido.
Era un objeto extraño.

Resultó ser un diminuto fragmento de un juguete antiestrés que se había incrustado tan profundamente en la encía que parecía parte del propio cuerpo. La encía estaba inflamada, por lo que el plástico se había mimetizado por completo con el tejido.

Esto explicaba por qué varios médicos habían sospechado inicialmente la presencia de algún tipo de enfermedad.

El peligro que había aterrorizado a todos terminó siendo un accidente infantil común.
Y para la madre, fue un recordatorio de que siempre hay que ser extremadamente cuidadosos.