Habían pasado noventa días desde que la casa cayó en un silencio más pesado que cualquier grito. Noventa días desde que el oficial me dijo que Mia, mi esposa, no volvería.
Vivía en modo automático: documentos, condolencias, platos vacíos de los vecinos… y mi hijo. No había dicho ni una palabra desde el funeral. El día del accidente estaba al lado de su madre y milagrosamente salió ileso.
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EL LINDO
La psicóloga hablaba de una vía creativa para liberar el estrés. De tiempo.
Así que le compré pinturas, papel… pero él eligió un marcador industrial negro y la pared del pasillo.
Cuando escuché aquel sonido rasposo, mis nervios ya estaban al límite. Pero lo que vi me dejó sin aliento. Mi hijo dibujaba líneas negras y caóticas — rabia, miedo, cualquier cosa menos un dibujo infantil.
Le arranqué el marcador de la mano exigiendo una explicación, pero él miraba a través de mí. Vacío. Como si no hubiera sido él.
Pero un día, observando con atención, entendí con horror que aquellas líneas formaban algo aterrador.
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Más tarde, cuando un rayo partió el cielo, el caos de la pared adquirió forma. Entre los garabatos negros apareció el rostro de una mujer — como si se protegiera con las manos de algo espantoso.
A su lado se delineó una figura masculina, borrosa pero amenazante.
Me estremecí. Una tabla detrás de mí crujió — me di vuelta. Leo estaba allí, silencioso, con los ojos muy abiertos.
«¿Por qué dibujas esto?» le pregunté. Él se encogió de hombros. «No sé… mis manos lo hacen solas.»

No podía apartar la vista de la pared. Aquellas líneas ya no eran garabatos. Contaban una historia que yo no había visto: el accidente que nos presentaron como un simple azar no lo era.
Al día siguiente fui a la policía, exigiendo reabrir la investigación. Las cámaras de una vieja tienda cerrada lo habían grabado todo: el coche de mi esposa giró para evitar otro vehículo que luego huyó. Encontraron al conductor — y confesó.
Desde ese día, Leo no volvió a dibujar en las paredes. Volvió a ser un niño: hablaba, reía, jugaba. Los garabatos desaparecieron, pero su mensaje nos salvó la vida.






