Ese día, una familia llegó a la comisaría: una madre, un padre y su pequeña hija, que no tendría más de dos años. La niña tenía los ojos llenos de lágrimas y se veía muy triste. Los padres también estaban nerviosos y claramente no sabían qué hacer.
—¿Podemos ver al policía, tío? —preguntó el padre en voz baja a la recepcionista.

—Lo siento, señor, no entiendo muy bien… ¿por qué han venido y a quién desean ver? —respondió la recepcionista con sorpresa.
El hombre se enderezó y suspiró con incomodidad.
—Verá… nuestra hija lleva varios días llorando. No logramos calmarla. Dice todo el tiempo que quiere hablar con un “policía tío” para confesar un crimen. Casi no come, llora todo el tiempo y no sabe explicarnos qué pasó. De verdad lo siento, es muy vergonzoso, pero… ¿quizá alguno de los oficiales podría dedicarnos unos minutos?
Esta conversación fue escuchada por casualidad por uno de los sargentos. Se acercó y se agachó frente a la pequeña.
—Tengo dos minutos. ¿En qué puedo ayudar?
—Muchas gracias —dijo el padre con alivio—. Cariño, este es el policía. Dile lo que querías contarle.
La niña miró con atención al hombre uniformado, sorbió la nariz y preguntó:
—¿De verdad eres policía?

—Claro —sonrió él—. ¿Ves el uniforme?
La niña asintió.
—Yo… yo cometí un crimen —dijo, tartamudeando.
—Continúa —respondió el oficial con calma—. Soy policía, puedes contarme todo.
—¿Y luego me meterás en la cárcel? —preguntó con voz temblorosa.
—Eso depende de lo que hiciste —contestó con suavidad.
—Le pegué muy fuerte en la pierna a mi hermanito… Ahora tiene un moretón. Y se va a morir… No quise hacerlo. Por favor, no me metas en la cárcel…
El oficial se quedó sorprendido al principio, pero luego no pudo evitar sonreír. Abrazó con cariño a la niña que lloraba y le dijo en voz baja:
—No, cariño. Tu hermanito estará bien. Nadie muere por un moretón.
La niña lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—¿De verdad?
—De verdad. Pero no debes volver a hacerlo, ¿de acuerdo?
—Sí…
—¿Lo prometes?
—Lo prometo…
La pequeña se secó las lágrimas, se acurrucó junto a su mamá y, por primera vez en varios días, la comisaría volvió a quedar en calma y en silencio. 💛






