Capítulo 1: Los Cimientos del Miedo
El aroma de los lirios —empalagoso, pesado, con ese olor a muerte desinfectada— siempre anunciaba mi llegada a la Mansión Vance. No era un olor que simplemente flotara en el aire; se apoderaba de los pulmones, mezclándose con el hedor rancio del roble centenario y el frío matiz metálico de un prestigio no merecido. Para la mayoría, aquella casa era un monumento a la excelencia arquitectónica, una obra maestra neoclásica de piedra caliza y granito. Para mí, era una jaula estructural, un lugar donde los muros de carga estaban hechos de silencio y los cimientos reforzados con resentimiento.
Me sentaba en el extremo más alejado de la mesa de comedor de caoba, un mueble tan largo que parecía una frontera geográfica. Ese había sido mi asiento desde la infancia: el “Rincón del Fracaso”. Era el punto más distante de la luz, del calor de la chimenea y de los ojos estrechos y críticos de mi padre.
Mi padre, Arthur Vance, se sentaba en la cabecera como un rey en un trono en ruinas. Veía a las personas como materiales de construcción: algunos eran mármol, otros arena, y yo siempre había sido el ladrillo agrietado que intentaba ocultar bajo el yeso. Giraba un whisky de veinte años en una copa de cristal, y el tintinear del hielo sonaba como una cuenta regresiva.
—No deberías haber venido, Elena —dijo mi hermana Claire con una voz cargada de falsa compasión.
—Solo queríamos mostrarte cómo es una familia funcional —añadió con veneno disfrazado de cortesía.
Miré a mi hija Lily, sentada a mi lado, intentando hacerse invisible, apretando su vaso con manos temblorosas.
—Solo quería que viera dónde crecí —susurré.
Arthur golpeó su copa.
—Ya lo vio. Ahora manténla callada.
Su “legado” no era más que una fachada de mentiras.
Cuando Lily dejó caer una gota de jugo en el mantel, Claire la reprendió.
Sentí un ardor en el estómago. El mundo empezó a girar.
No ahora…
Intenté alcanzar el agua.
Todo se volvió blanco.
Capítulo 2: Sangre sobre el Encaje
La prueba del vestido para mi boda con Julian Thorne era el acto final de la vanidad de mi padre.
Yo no era su hija.
Era su mercancía.
El vestido costaba cincuenta mil dólares. Era hermoso… y asfixiante.
—Te ves aceptable —dijo Arthur—. Pero pareces enferma.
—Me siento muy mal, papá…
—Estrés. Debilidad.
De repente, mi cuerpo colapsó.
Caí al suelo.
Sangre caliente llenó mi boca.
El encaje blanco se tiñó de rojo.
—¡Ayuda! —gritó la costurera.
Arthur no se preocupó.
Me levantó con violencia.
—¡Deja el drama! ¡Estás arruinando el vestido!
No veía a su hija.
Veía una inversión dañada.
—No puedo… —susurré.
—Martha, llévala a casa. Dale el té.
Esa noche, con fiebre, escuché a mi padre hablar de “dosis”.
Y comprendí:
Alguien estaba destruyéndome desde dentro.
Capítulo 3: Los Planos de la Traición
Me moví en silencio por el pasillo de servicio.
Vi a Martha mezclar un polvo blanco en mi té.
—¿Es suficiente? —preguntó Arthur.
—Es peligroso…
—Solo tiene que aguantar hasta la boda.
—Después puede morirse.
Mis piernas temblaron.
Me estaban envenenando.
Encendí mi tablet.
Revisé las cámaras ocultas.
Todo estaba grabado.
—Mejor muerta que fea —decía mi padre en un video.
Subí los archivos a la nube.
De pronto, él entró.
—¿Qué es eso?
—Un plano de un asesinato.
Rompió la tablet.
Me tomó del cuello.
—Te vas a casar.
—O perderás a tu hija.
Ordenó encerrarme.
La puerta se cerró.
Estaba atrapada.
Pero recordé los planos del edificio.
Había una cornisa.
Usé las sábanas.
Salí por la ventana.
Caminé por el borde.
Bajé por la estructura.
Corrí al bosque.
Llegué a la carretera.
Un chico me llevó a la policía.
Pero allí estaba el abogado de mi padre.
Capítulo 4: El Andamio de la Huida
Sabía que no podía confiar en nadie.
Desaparecí.
Me escondí.
Fui a una clínica privada.
Recibí transfusiones.
Me recuperé.
Y planeé.
La demolición estaba cerca.
Capítulo 5: La Demolición
El día de la boda llegó.
Todo era lujo.
Arthur brillaba.
—¿Dónde está Elara? —preguntó Julian.
—Preparándose —mintió.
Yo estaba escondida.
Con traje negro.
Con fuerzas nuevas.
—Este es mi mayor proyecto —dijo Arthur.
La pantalla se encendió.
Y mostró la verdad.
Los videos.
Las amenazas.
La sangre.
El veneno.
El salón quedó en silencio.
—¡Es mentira! —gritó.
Salí al balcón.
—No es una boda.
—Es una demolición.
Revelé todo.
—Soy la dueña mayoritaria.
—Te compré para destruirte.
La policía entró.
Se lo llevaron esposado.
—¡Nunca serás suficiente! —me gritó.
—Ahora soy libre —respondí.
Capítulo 6: Una Casa de Luz
Seis meses después…
La mansión estaba vacía.
Sin flores falsas.
Sin mentiras.
La iba a demoler.
Construiría un centro comunitario.
Lily corría feliz.
—¡Mamá, brilla!
—Es la luz, amor.
Los fantasmas se fueron.
Mi empresa ganó un gran contrato.
Miré el retrato de mi padre.
No sentí odio.
Solo paz.
Me fui.
No miré atrás.
Por primera vez…
Pisaba suelo firme.






