Bañera para niños
A menudo ayudo a mi hijo y paso con gusto tiempo con la niña — así no me siento sola, y tampoco quiero que toda la carga recaiga sobre los hombros de su nueva esposa, por muy amable que parezca.
Pero últimamente algo me inquietaba: mi nieta tardaba demasiado en salir del baño. Al principio pensé que solo estaba jugando. Pero un día algo dentro de mí me dijo que debía comprobarlo.
Cabezales de ducha
Abrí la puerta despacio… y me quedé helada.
No se estaba bañando ni jugando. La niña estaba en medio de la bañera, manoseando y retorciendo con dolorosa insistencia el borde de su vestido, como si intentara borrar algo invisible. Su rostro estaba pálido, sus labios temblaban.
Me acerqué con cuidado y le pregunté qué estaba haciendo.

Se inclinó lentamente hacia mí, como si temiera que alguien detrás de la pared pudiera escucharla, y me susurró directamente al oído.
Libros de juegos
Las palabras eran tan suaves que casi no las escuché… pero su significado me atravesó como una aguja:
«Yo… yo soy una cerda sucia…»
Se me cortó la respiración.
— ¿Quién te dijo eso? — pregunté intentando que mi voz no temblara.
Juguetes acuáticos
Entonces la niña pareció quebrarse. Algo dentro de ella se soltó y las palabras comenzaron a salir — entrecortadas, confusas, pero increíblemente pesadas.
Resultó que un día había derramado sopa sobre sí misma. Y su madrastra estalló, perdió el control y la llamó así, como si fuera la palabra más natural del mundo.

Pero no terminó ahí.
Cuidado infantil
Cada vez que se quedaban solas, la mujer encontraba un pretexto para pincharla, humillarla, sisearle que era «torpe», «desaliñada», «inútil».
El pequeño corazón recogía esas palabras como piedras frías, y las piedras crecían — convirtiéndose en miedos, pensamientos obsesivos, complejos.
Y por fuera, la madrastra fingía ser dulce: sonrisa suave, tono cariñoso, como si todo fuera una idilia.
Pero ahora yo sabía que detrás de su «amabilidad» se escondía otro mundo — uno en el que mi niña aprendía cada día a sentirse como basura.






